Existe
la idea de que algunos matrimonios fueron “arreglados en el cielo”. Esta
afirmación supone que algunos matrimonios están destinados a ser buenos,
mientras otros están destinados a ser malos. Tal modo de pensar asume que el
matrimonio tiene una vida propia, y que la única forma de saber si vas a tener
un buen o un mal matrimonio es lanzar una moneda al aire. Sin embargo, lo que
mucha gente no parece comprender es que el matrimonio se parece a un espejo.
Refleja lo que ve. Si un matrimonio es fuerte, es porque los cónyuges han
puesto mucho esfuerzo en él. Si un matrimonio es débil, es porque el esposo o
la esposa lo han descuidado.
Dios
nunca concibió un matrimonio débil para nadie. Su designio para el matrimonio es
una relación de pleno compañerismo de por vida. Para que una pareja prospere
dentro de ese designio, debe obedecer a Dios y su Palabra, y hacer a un lado
ese distorsionado y perverso concepto mundano del matrimonio. La Biblia
contiene verdades que no sólo ayudan a mantener unida a la pareja, sino que
también conserva fuerte el matrimonio, deberían servir como el fundamento de la
relación de cada pareja cristiana. Sea que estés soltero o casado, los
siguientes versículos te darán una buena perspectiva sobre las relaciones
matrimoniales.
DIOS CREÓ EL MATRIMONIO. Podemos
aprender más acerca del matrimonio ideal según Dios, reflexionando sobre la
primera pareja humana que hubo en el mundo (Mt 19:4-6).
4Respondiendo Él dijo: ¿No han
leído que el que los hizo desde el principio, VARÓN Y MUJER LOS HIZO, 5y
dijo: “POR TANTO, DEJARÁ EL VARÓN A SU
PADRE Y A SU MADRE Y SE UNIRÁ A SU MUJER, Y LOS DOS SERÁN UNA CARNE”? 6De
manera que ya no son dos, sino una carne. Por tanto, lo que Dios unió, no lo
separe el hombre.
Los
líderes religiosos de esos días enseñaban que el que había sido ofendido debía
perdonar dos o tres veces, ¡a lo sumo! Pedro junto con toda la compasión que
pudo, le preguntó a Jesús si perdonar hasta siete veces era suficiente.
Imaginemos el impacto que recibió Pedro cuando Jesús le dijo que tenía que
perdonar no solo siete veces, sino hasta “setenta
veces” o 490 veces.
¿Esto
significa que si una persona te ofendió 491 veces no hay que perdonar más? ¡Por
supuesto que no! Más bien, Jesús estaba enseñando que no hay límite en el
número de veces que debemos perdonar a los demás. Más adelante Jesús relata la historia de un
hombre a quien se le perdono una gran deuda que tenía (quizás unos dos mil
dólares), pero no era capaz de perdonar a otro una deuda mucho menor (quizás
unos mil dólares). El mensaje de Jesús es que nosotros, como pecadores, hemos
sido perdonados en gran manera; así que nosotros también debemos perdonar a los
que nos hacen mal, no importa cuánto daño nos hayan causado. Ellos nos deben
poco en comparación con lo que nosotros le debemos a Dios.
MARIDO Y MUJER TIENEN DISTINTAS
FUNCIONES EN EL MATRIMONIO. Un matrimonio funciona
bien cuando ambos cónyuges siguen el designio específico de Dios para ellos (Ef
5:21-33).
La
razón por la que muchos matrimonios fracasan es porque él o ella, o ambos, no
obedecen las normas que Dios ha establecido en la Escritura. En este texto
hallamos funciones específicas que Dios ha dado al marido y a la esposa.
El plan de Dios para el esposo.
Debe ser cabeza de su esposa así
como el Cristo es cabeza de la iglesia. La verdadera
autoridad dentro del matrimonio se la ha dado Dios al marido. Desde el
principio, Dios designó al hombre como el líder del matrimonio (Ef 5:23). Igual
que el Cristo, el esposo tiene que ser firme y decidido, pero también debe ser
humilde y sin egoísmo, antes que un esposo espere que su mujer se someta a él,
debe someterse él al Cristo.
Debe amar a su esposa así como el Cristo amó
a la iglesia. Jesús dijo: “Pues ni
aún el Hijo del Hombre vino para que le sirvan, sino para servir a otros y para
dar su vida en rescate por muchos” (Mt 20:28). Amar como Jesús ama
significa que el marido debe mirar primero las necesidades de su esposa, no las
suyas (Ef 5:25). La sumisión de la esposa se basa en que el marido cumpla esto.
Y así como la iglesia ama a Jesús por su extraordinario despliegue de amor
hacia ella, la esposa amará y se someterá a su marido como vea esta
demostración de amor por ella. Un corazón que arde de amor enciende al otro.
Debe animar a su esposa a crecer
espiritualmente. Una de las prioridades del marido es
asegurarse de que su esposa tenga una buena relación con Dios (Ef 5:26). Él
puede animar a su esposa a crecer espiritualmente, reconociendo que ello afecta
su felicidad personal como mujer, esposa y madre.
Debe amar a su esposa así como se
ama a sí mismo. Un marido debe reconocer que él y su
esposa son “uno”. Por lo tanto, debe hacer por su esposa lo que haría por sí
mismo. Debe prestar atención a las necesidades de su esposa, como lo hace con
las propias (Ef 5: 28-29).
El plan de Dios para la esposa.
Debe someterse al liderazgo de su
esposo. Así como una esposa se somete a Dios buscando hacer
su voluntad más que la propia, así también debe someterse al marido y a sus
decisiones (Ef 5: 21-24).
Estas
normas para el esposo y la esposa son mucho más fáciles de seguir si los dos
respetan la primera norma de conducta que aparece en la lista: “Sométanse unos
a otros por reverencia al Cristo” (Ef 5:21). La palabra sométanse es un término que significa: (asumir un rango menor). En otras palabras, se deben considerar las
necesidades del cónyuge antes que las propias, en el temor de Dios, cuando esto
se lleva a cabo el matrimonio florece, como es el deseo de Dios, y ambos llegan
a ser una vivida ilustración del amor del Cristo por la iglesia ante un mundo
incrédulo. Porque el matrimonio no es tanto hallar
a la persona apropiada sino ser la persona adecuada para el otro.
SE DEBEN DISFRUTAR LOS LÍMITES DEL
MATRIMONIO. La intimidad sexual se debe disfrutar
plenamente, pero está restringida a los límites de la relación matrimonial (Heb
13:4).
4Honroso sea en todos el matrimonio,
y su lecho sea puro, porque a los fornicarios y a los adúlteros Dios los
juzgará.
MANTEN TU MATRIMONIO FUERTE.
Dios ha prometido castigar a aquellos que cometen adulterio o llevan vidas
inmorales (Heb 13:4).
Lamentablemente,
muchas personas no toman en serio su matrimonio. Olvidan que hicieron sus votos
delante de Dios y que incluían las palabras: “Hasta que la muerte nos separe”. Así que, ¿qué pasos debemos dar
para no ser otro “matrimonio muerto”?
Aquí hay cuatro principios que te ayudarán a mantener un matrimonio fuerte y
floreciente:
1. Camina con Dios.
Al cultivar y profundizar tu comunión con Dios, tendrás el poder, la voluntad y
los recursos para estar firme cuando venga la tentación.
2.
Camina
con tu cónyuge. Mantén vivo la amistad y el romance en
tu matrimonio. Recuerda lo que hacías cuando cortejabas a tu cónyuge.
Aliéntense el uno al otro. Pasen el tiempo juntos lo más posible. Estén
interesados genuinamente en la vida del otro. Esfuércense por ser atractivos el
uno para el otro. Trátense con respeto. Den pasos prácticos para mantener
ardiendo ese fuego.
3.
No
camines sobre hielo frágil. El Salmo 1 advierte sobre los
peligros de las relaciones cercanas con aquellos que no aman a Dios. Debes
evitar relaciones potencialmente peligrosas y provocativas. Encuentra amigos
cristianos (del mismo sexo) que pueden ser honestos contigo cuando vean que
estas entrando en territorio peligroso.
4.
Considera
el costo. Recuerda el alto precio que viene con el adulterio
y la inmoralidad. ¿Estás preparado para soportar la vergüenza? ¿Comprendes la
desgracia y la falta de respeto que acarrearás a tu esposo y esposa e hijos así
como a la causa de Jesucristo? Unos momentos de placer pueden convertirse en
una vida entera de remordimientos.
Un
amor intenso por Dios y por tu cónyuge te llevará seguro, a través de las aguas
peligrosas de la tentación sexual. No seas un blanco fácil para las flechas del
enemigo. Persevera caminando hacia adelante en tu relación con el Cristo y con
tu cónyuge.
EL DIVORCIO NO ES PARTE DEL PLAN DE
DIOS. Jesús enseña que el matrimonio debe ser una
relación de por vida (Mr 10:2-12).
Cuando
le preguntaron a Jesús acerca del divorcio, algunas personas tenían ideas muy
liberales acerca de este asunto. Lo mismo que en el día de hoy, un matrimonio
podía disolverse por cualquier razón. Pero Jesús le recordó a la gente cuál es
el plan original de Dios para el matrimonio (v, 6-9): que un hombre y una mujer
hagan un compromiso de por vida el uno con el otro. El divorcio ni siquiera
debe ser considerado.
Quizás
uno de los más grandes elementos disuasivos para el divorcio es ver cuanto lo
detesta Dios: “Claman” ¿Por qué el
Señor no acepta mi adoración? ¡Les diré por que! Porque el Señor fue testigo de
los votos que tú y tu esposa (o) hicieron cuando eran jóvenes. Pero tú le has
sido infiel, aunque ella (el) siguió siendo tu compañera (o) fiel, la persona
con la que hiciste los votos matrimoniales. ¿No te hizo uno el Señor con tu
cónyuge? En cuerpo y espíritu ustedes son de Él. ¿Y qué es lo que él quiere? De
esa unión quiere hijos que vivan para Dios. Por eso, guarda tu corazón y
permanece fiel a la esposa de tu juventud. “¡Pues yo odio el divorcio!” Dice el Señor Dios de Israel.
Divorciarte de tu pareja es abrumarlo de crueldad: dice el Señor de los
Ejércitos Celestiales. Por eso guarda tu corazón; y no le seas infiel a tu
cónyuge (Mal 2:14-16).
Así como uno considera el costo del casamiento, también debe considerar el costo del divorcio. No solo devasta el “compañerismo” que Dios desea que exista entre marido y mujer, sino que también afecta enormemente a los hijos. Como Dios lo dice aquí, Él desea que haya hijos santos de la unión de marido y mujer. Cuando un hogar se rompe por el divorcio, es más difícil criar hijos obedientes al Señor. ¿Permite Dios alguna vez el divorcio? Aunque la Biblia cita dos motivos (adulterio y si el cónyuge no creyente desea dejar al cónyuge creyente) la voluntad de Dios es que la pareja permanezca unida. Cuando tratamos de acomodar las normas divinas a la falta de normas de nuestra moralidad contemporánea puede surgir todo tipo de confusión.
Winston Churchill
observo con astucia: “la victoria no se
obtiene por medio de la retirada”. Si tú estás casado, pide a Dios que
fortalezca tu matrimonio hoy mismo. Recuerda que Dios te ha unido a ti y a tu
cónyuge para siempre. Mantente firme en tu compromiso. No te retires de tus
problemas, sino pide a Dios ayuda para encararlos y vencerlos. Cultiva la “unidad” y el compañerismo en tu
matrimonio, y vuelve al designio original de Dios.
UN CRISTIANO NO DEBERÍA DIVORCIARSE
DE UN CÓNYUGE NO CRISTIANO. Un esposo o una esposa no
cristiano no debe ser abandonado, sino amado (1Co 7:12-16).
Aunque
pareciera una decisión favorable, dejar a un cónyuge que no es creyente y que
no apoya tu fe, no es Bíblico. Como Pablo lo reitera aquí, Dios no aprueba el
divorcio. En el caso de un matrimonio entre un creyente y un no creyente, hay
dos razones adicionales para permanecer casados.
1.
Un
cónyuge cristiano sirve de testigo al cónyuge no cristiano. Un
cristiano es un factor clave para ganar a su cónyuge para el Señor. La
Escritura dice que una esposa cristiana puede tener una poderosa influencia
sobre su marido inconverso a través de sus buenas acciones y ejemplos, y
animarlo así a que acepte la fe en el Cristo (1P 3:1-2). Lo mismo es cierto en
cuanto a un marido cristiano.
2.
Un
cónyuge cristiano puede llevar hacia el Cristo a los hijos del matrimonio. Si
se separan, como dice Pablo, hay una alta probabilidad que los hijos se desvíen
de la fe. Pero los ayudará mucho si
ven la fe en el contexto de una familia unida.
En
cambio, si la persona no cristiana abandona a su cónyuge cristiano, a pesar de
que el creyente haya hecho todo lo posible para conservar el matrimonio unido,
en ese caso, Dios no obliga a mantener esa relación. Esta es una de las pocas
causas de divorcio que aparecen en la Escritura. Dios no exige a un creyente a
permanecer casado con un no creyente que no tiene ningún deseo de mantener la
unión.
EL MATRIMONIO NO ES PARA TODOS.
Aunque Dios bendice a muchos con el matrimonio, algunos tienen el llamado, o la
capacidad, de permanecer solteros (1Co 7:1-40).
Contrario
a la opinión popular, Dios les ha dado a algunos la capacidad de permanecer “felizmente solteros”. El versículo 35 de
este pasaje nos recuerda que cuando uno quiere casarse es de vital importancia
asegurarse de que la decisión nos ayudará a “servir mejor al Señor”. Si estas considerando casarte, aquí tienes
cuatro importantes asuntos para reflexionar.
1.
Tomen
tiempo para conocerse. No te apresures. Si estas realmente
enamorado de una persona, desearas edificar una amistad con ella. Este es el
fundamento de tu matrimonio. Como dijo con humor Benjamín Franklin: “Abre bien los ojos antes de casarte, y
tenlos medio cerrados después de casarte” ¡Y no al revés!
2.
Prueba
la profundidad de tu amor. El amor es algo más que una
emoción “almibarada”. Es un compromiso. En el idioma griego, el amor se
describía con tres palabras: eros
(atracción física), philos (amor
entre amigos) y agape (amor
incondicional). Los matrimonios basados solamente en eros o en philos, corren
el riesgo de tener problemas, pero los edificados en el amor agape que el Cristo mostró, durarán
hasta el fin. Las emociones vienen y van, pero el verdadero amor es más que
eso. La Biblia dice: “las muchas aguas no
pueden apagar el amor, ni los ríos pueden ahogarlo” (1Co 8:7).
3.
Asegúrate
de tu compromiso. Hazte las siguientes preguntas: ¿Estás
preparado para pasar el resto de tu vida con esa persona? ¿Puedes verte con esa
persona siendo padres? ¿Estás dispuesto a hacer sacrificios en tus relaciones,
aficiones y hasta en tu carrera, por el bien de tu matrimonio?
4.
Considera
tu testimonio en cuanto al Cristo. Si tu novia o novio no
es creyente, ni siquiera consideres casarte. La Escritura nos advierte
seriamente a no unirnos con personas que no son cristianas (2Co 6:14).
Necesitas también considerar las implicaciones espirituales de esa relación.
¿Serán los dos, ya casados, mejores y más fuertes testigos del Cristo, que
estando separados?
Sea
que te cases o que permanezcas soltero, aprende a contentarte cualquiera sea la
situación en que el Señor te ponga. Entonces poseerás una de las claves de la
verdadera felicidad.
LA INTIMIDAD QUE
HAY EN EL MATRIMONIO NO SE PUEDE ENCONTRAR EN NINGUNA OTRA RELACIÓN. Dios
desea que tengas una vida sexual plena y que disfrutes de ella dentro de los
límites del matrimonio (1Co 7:3-5).

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