lunes, 2 de diciembre de 2019

MATRIMONIO



Existe la idea de que algunos matrimonios fueron “arreglados en el cielo”. Esta afirmación supone que algunos matrimonios están destinados a ser buenos, mientras otros están destinados a ser malos. Tal modo de pensar asume que el matrimonio tiene una vida propia, y que la única forma de saber si vas a tener un buen o un mal matrimonio es lanzar una moneda al aire. Sin embargo, lo que mucha gente no parece comprender es que el matrimonio se parece a un espejo. Refleja lo que ve. Si un matrimonio es fuerte, es porque los cónyuges han puesto mucho esfuerzo en él. Si un matrimonio es débil, es porque el esposo o la esposa lo han descuidado.
Dios nunca concibió un matrimonio débil para nadie. Su designio para el matrimonio es una relación de pleno compañerismo de por vida. Para que una pareja prospere dentro de ese designio, debe obedecer a Dios y su Palabra, y hacer a un lado ese distorsionado y perverso concepto mundano del matrimonio. La Biblia contiene verdades que no sólo ayudan a mantener unida a la pareja, sino que también conserva fuerte el matrimonio, deberían servir como el fundamento de la relación de cada pareja cristiana. Sea que estés soltero o casado, los siguientes versículos te darán una buena perspectiva sobre las relaciones matrimoniales.

DIOS CREÓ EL MATRIMONIO. Podemos aprender más acerca del matrimonio ideal según Dios, reflexionando sobre la primera pareja humana que hubo en el mundo (Mt 19:4-6). 

4Respondiendo Él dijo: ¿No han leído que el que los hizo desde el principio, VARÓN Y MUJER LOS HIZO, 5y dijo: “POR TANTO, DEJARÁ EL VARÓN A SU PADRE Y A SU MADRE Y SE UNIRÁ A SU MUJER, Y LOS DOS SERÁN UNA CARNE”? 6De manera que ya no son dos, sino una carne. Por tanto, lo que Dios unió, no lo separe el hombre.

Los líderes religiosos de esos días enseñaban que el que había sido ofendido debía perdonar dos o tres veces, ¡a lo sumo! Pedro junto con toda la compasión que pudo, le preguntó a Jesús si perdonar hasta siete veces era suficiente. Imaginemos el impacto que recibió Pedro cuando Jesús le dijo que tenía que perdonar no solo siete veces, sino hasta “setenta veces” o 490 veces.

¿Esto significa que si una persona te ofendió 491 veces no hay que perdonar más? ¡Por supuesto que no! Más bien, Jesús estaba enseñando que no hay límite en el número de veces que debemos perdonar a los demás.  Más adelante Jesús relata la historia de un hombre a quien se le perdono una gran deuda que tenía (quizás unos dos mil dólares), pero no era capaz de perdonar a otro una deuda mucho menor (quizás unos mil dólares). El mensaje de Jesús es que nosotros, como pecadores, hemos sido perdonados en gran manera; así que nosotros también debemos perdonar a los que nos hacen mal, no importa cuánto daño nos hayan causado. Ellos nos deben poco en comparación con lo que nosotros le debemos a Dios.

MARIDO Y MUJER TIENEN DISTINTAS FUNCIONES EN EL MATRIMONIO. Un matrimonio funciona bien cuando ambos cónyuges siguen el designio específico de Dios para ellos (Ef 5:21-33).

La razón por la que muchos matrimonios fracasan es porque él o ella, o ambos, no obedecen las normas que Dios ha establecido en la Escritura. En este texto hallamos funciones específicas que Dios ha dado al marido y a la esposa.

El plan de Dios para el esposo.

Debe ser cabeza de su esposa así como el Cristo es cabeza de la iglesia. La verdadera autoridad dentro del matrimonio se la ha dado Dios al marido. Desde el principio, Dios designó al hombre como el líder del matrimonio (Ef 5:23). Igual que el Cristo, el esposo tiene que ser firme y decidido, pero también debe ser humilde y sin egoísmo, antes que un esposo espere que su mujer se someta a él, debe someterse él al Cristo.

   Debe amar a su esposa así como el Cristo amó a la iglesia. Jesús dijo: “Pues ni aún el Hijo del Hombre vino para que le sirvan, sino para servir a otros y para dar su vida en rescate por muchos” (Mt 20:28). Amar como Jesús ama significa que el marido debe mirar primero las necesidades de su esposa, no las suyas (Ef 5:25). La sumisión de la esposa se basa en que el marido cumpla esto. Y así como la iglesia ama a Jesús por su extraordinario despliegue de amor hacia ella, la esposa amará y se someterá a su marido como vea esta demostración de amor por ella. Un corazón que arde de amor enciende al otro.

Debe animar a su esposa a crecer espiritualmente. Una de las prioridades del marido es asegurarse de que su esposa tenga una buena relación con Dios (Ef 5:26). Él puede animar a su esposa a crecer espiritualmente, reconociendo que ello afecta su felicidad personal como mujer, esposa y madre.

Debe amar a su esposa así como se ama a sí mismo. Un marido debe reconocer que él y su esposa son “uno”. Por lo tanto, debe hacer por su esposa lo que haría por sí mismo. Debe prestar atención a las necesidades de su esposa, como lo hace con las propias (Ef 5: 28-29).

El plan de Dios para la esposa.

Debe someterse al liderazgo de su esposo. Así como una esposa se somete a Dios buscando hacer su voluntad más que la propia, así también debe someterse al marido y a sus decisiones (Ef 5: 21-24).

Estas normas para el esposo y la esposa son mucho más fáciles de seguir si los dos respetan la primera norma de conducta que aparece en la lista: “Sométanse unos a otros por reverencia al Cristo” (Ef 5:21). La palabra sométanse es un término que significa: (asumir un rango menor). En otras palabras, se deben considerar las necesidades del cónyuge antes que las propias, en el temor de Dios, cuando esto se lleva a cabo el matrimonio florece, como es el deseo de Dios, y ambos llegan a ser una vivida ilustración del amor del Cristo por la iglesia ante un mundo incrédulo. Porque el matrimonio no es tanto hallar a la persona apropiada sino ser la persona adecuada para el otro.  
  
SE DEBEN DISFRUTAR LOS LÍMITES DEL MATRIMONIO. La intimidad sexual se debe disfrutar plenamente, pero está restringida a los límites de la relación matrimonial (Heb 13:4).

4Honroso sea en todos el matrimonio, y su lecho sea puro, porque a los fornicarios y a los adúlteros Dios los juzgará.

MANTEN TU MATRIMONIO FUERTE. Dios ha prometido castigar a aquellos que cometen adulterio o llevan vidas inmorales (Heb 13:4).

Lamentablemente, muchas personas no toman en serio su matrimonio. Olvidan que hicieron sus votos delante de Dios y que incluían las palabras: “Hasta que la muerte nos separe”. Así que, ¿qué pasos debemos dar para no ser otro “matrimonio muerto”? Aquí hay cuatro principios que te ayudarán a mantener un matrimonio fuerte y floreciente:

1.      Camina con Dios. Al cultivar y profundizar tu comunión con Dios, tendrás el poder, la voluntad y los recursos para estar firme cuando venga la tentación.
2.      Camina con tu cónyuge. Mantén vivo la amistad y el romance en tu matrimonio. Recuerda lo que hacías cuando cortejabas a tu cónyuge. Aliéntense el uno al otro. Pasen el tiempo juntos lo más posible. Estén interesados genuinamente en la vida del otro. Esfuércense por ser atractivos el uno para el otro. Trátense con respeto. Den pasos prácticos para mantener ardiendo ese fuego.
3.      No camines sobre hielo frágil. El Salmo 1 advierte sobre los peligros de las relaciones cercanas con aquellos que no aman a Dios. Debes evitar relaciones potencialmente peligrosas y provocativas. Encuentra amigos cristianos (del mismo sexo) que pueden ser honestos contigo cuando vean que estas entrando en territorio peligroso.
4.      Considera el costo. Recuerda el alto precio que viene con el adulterio y la inmoralidad. ¿Estás preparado para soportar la vergüenza? ¿Comprendes la desgracia y la falta de respeto que acarrearás a tu esposo y esposa e hijos así como a la causa de Jesucristo? Unos momentos de placer pueden convertirse en una vida entera de remordimientos.

Un amor intenso por Dios y por tu cónyuge te llevará seguro, a través de las aguas peligrosas de la tentación sexual. No seas un blanco fácil para las flechas del enemigo. Persevera caminando hacia adelante en tu relación con el Cristo y con tu cónyuge.

EL DIVORCIO NO ES PARTE DEL PLAN DE DIOS. Jesús enseña que el matrimonio debe ser una relación de por vida (Mr 10:2-12).

Cuando le preguntaron a Jesús acerca del divorcio, algunas personas tenían ideas muy liberales acerca de este asunto. Lo mismo que en el día de hoy, un matrimonio podía disolverse por cualquier razón. Pero Jesús le recordó a la gente cuál es el plan original de Dios para el matrimonio (v, 6-9): que un hombre y una mujer hagan un compromiso de por vida el uno con el otro. El divorcio ni siquiera debe ser considerado.

Quizás uno de los más grandes elementos disuasivos para el divorcio es ver cuanto lo detesta Dios: “Claman” ¿Por qué el Señor no acepta mi adoración? ¡Les diré por que! Porque el Señor fue testigo de los votos que tú y tu esposa (o) hicieron cuando eran jóvenes. Pero tú le has sido infiel, aunque ella (el) siguió siendo tu compañera (o) fiel, la persona con la que hiciste los votos matrimoniales. ¿No te hizo uno el Señor con tu cónyuge? En cuerpo y espíritu ustedes son de Él. ¿Y qué es lo que él quiere? De esa unión quiere hijos que vivan para Dios. Por eso, guarda tu corazón y permanece fiel a la esposa de tu juventud. “¡Pues yo odio el divorcio!” Dice el Señor Dios de Israel. Divorciarte de tu pareja es abrumarlo de crueldad: dice el Señor de los Ejércitos Celestiales. Por eso guarda tu corazón; y no le seas infiel a tu cónyuge (Mal 2:14-16). 

Así como uno considera el costo del casamiento, también debe considerar el costo del divorcio. No solo devasta el “compañerismo” que Dios desea que exista entre marido y mujer, sino que también afecta enormemente a los hijos. Como Dios lo dice aquí, Él desea que haya hijos santos de la unión de marido y mujer. Cuando un hogar se rompe por el divorcio, es más difícil criar hijos obedientes al Señor. ¿Permite Dios alguna vez el divorcio? Aunque la Biblia cita dos motivos (adulterio y si el cónyuge no creyente desea dejar al cónyuge creyente) la voluntad de Dios es que la pareja permanezca unida. Cuando tratamos de acomodar las normas divinas  a la falta de normas de nuestra moralidad contemporánea puede surgir todo tipo de confusión.

Winston Churchill observo con astucia: “la victoria no se obtiene por medio de la retirada”. Si tú estás casado, pide a Dios que fortalezca tu matrimonio hoy mismo. Recuerda que Dios te ha unido a ti y a tu cónyuge para siempre. Mantente firme en tu compromiso. No te retires de tus problemas, sino pide a Dios ayuda para encararlos y vencerlos. Cultiva la “unidad” y el compañerismo en tu matrimonio, y vuelve al designio original de Dios.

UN CRISTIANO NO DEBERÍA DIVORCIARSE DE UN CÓNYUGE NO CRISTIANO. Un esposo o una esposa no cristiano no debe ser abandonado, sino amado (1Co 7:12-16).

Aunque pareciera una decisión favorable, dejar a un cónyuge que no es creyente y que no apoya tu fe, no es Bíblico. Como Pablo lo reitera aquí, Dios no aprueba el divorcio. En el caso de un matrimonio entre un creyente y un no creyente, hay dos razones adicionales para permanecer casados.

1.      Un cónyuge cristiano sirve de testigo al cónyuge no cristiano. Un cristiano es un factor clave para ganar a su cónyuge para el Señor. La Escritura dice que una esposa cristiana puede tener una poderosa influencia sobre su marido inconverso a través de sus buenas acciones y ejemplos, y animarlo así a que acepte la fe en el Cristo (1P 3:1-2). Lo mismo es cierto en cuanto a un marido cristiano.
2.      Un cónyuge cristiano puede llevar hacia el Cristo a los hijos del matrimonio. Si se separan, como dice Pablo, hay una alta probabilidad que los hijos se desvíen de la fe. Pero los ayudará mucho si ven la fe en el contexto de una familia unida.

En cambio, si la persona no cristiana abandona a su cónyuge cristiano, a pesar de que el creyente haya hecho todo lo posible para conservar el matrimonio unido, en ese caso, Dios no obliga a mantener esa relación. Esta es una de las pocas causas de divorcio que aparecen en la Escritura. Dios no exige a un creyente a permanecer casado con un no creyente que no tiene ningún deseo de mantener la unión.

EL MATRIMONIO NO ES PARA TODOS. Aunque Dios bendice a muchos con el matrimonio, algunos tienen el llamado, o la capacidad, de permanecer solteros (1Co 7:1-40).

Contrario a la opinión popular, Dios les ha dado a algunos la capacidad de permanecer “felizmente solteros”. El versículo 35 de este pasaje nos recuerda que cuando uno quiere casarse es de vital importancia asegurarse de que la decisión nos ayudará a “servir mejor al Señor”. Si estas considerando casarte, aquí tienes cuatro importantes asuntos para reflexionar.

1.      Tomen tiempo para conocerse. No te apresures. Si estas realmente enamorado de una persona, desearas edificar una amistad con ella. Este es el fundamento de tu matrimonio. Como dijo con humor Benjamín Franklin: “Abre bien los ojos antes de casarte, y tenlos medio cerrados después de casarte” ¡Y no al revés!
2.      Prueba la profundidad de tu amor. El amor es algo más que una emoción “almibarada”. Es un compromiso. En el idioma griego, el amor se describía con tres palabras: eros (atracción física), philos (amor entre amigos) y agape (amor incondicional). Los matrimonios basados solamente en eros o en philos, corren el riesgo de tener problemas, pero los edificados en el amor agape que el Cristo mostró, durarán hasta el fin. Las emociones vienen y van, pero el verdadero amor es más que eso. La Biblia dice: “las muchas aguas no pueden apagar el amor, ni los ríos pueden ahogarlo” (1Co 8:7).
3.      Asegúrate de tu compromiso. Hazte las siguientes preguntas: ¿Estás preparado para pasar el resto de tu vida con esa persona? ¿Puedes verte con esa persona siendo padres? ¿Estás dispuesto a hacer sacrificios en tus relaciones, aficiones y hasta en tu carrera, por el bien de tu matrimonio?
4.      Considera tu testimonio en cuanto al Cristo. Si tu novia o novio no es creyente, ni siquiera consideres casarte. La Escritura nos advierte seriamente a no unirnos con personas que no son cristianas (2Co 6:14). Necesitas también considerar las implicaciones espirituales de esa relación. ¿Serán los dos, ya casados, mejores y más fuertes testigos del Cristo, que estando separados?

Sea que te cases o que permanezcas soltero, aprende a contentarte cualquiera sea la situación en que el Señor te ponga. Entonces poseerás una de las claves de la verdadera felicidad.

            LA INTIMIDAD QUE HAY EN EL MATRIMONIO NO SE PUEDE ENCONTRAR EN NINGUNA OTRA RELACIÓN. Dios desea que tengas una vida sexual plena y que disfrutes de ella dentro de los límites del matrimonio (1Co 7:3-5).

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